A punto de llegar abril, dejo esto que fue escrito hace casi 6 meses.
Hoy amanecí con octubre en las manos. En los ojos. En la memoria. Entró por la ventana mientras yo, peleando con la maraña de los sueños, dormía. Mis sentidos fueron dándose cuenta de que ya estaba aquí. Amaneció y mis manos fueron las primeras en tocarlo, era fresco y su aire no deja hacer más que recordar que lo había extrañado durante once meses. Cuando abrí los ojos lo reconocí. Siempre es impresionante. Mi olfato, como es de esperarse, no participó en la degustación.
Atendiendo a la facilidad que tiene cualquiera para tener preferencias digo, más con novedad que con melancolía, aunque esta última no caería nada mal, que octubre es uno de mis dos meses favoritos. El otro concurre a nuestra cita justamente con 6 meses de diferencia: abril.
Ahora me dan ganas de caminar, respirar, observar. Estar. Vivir. No siempre uno puede sentir esas ganas de hacer cosas, que lejos de ser simples, son esenciales.
No lo llamé, sólo desperté con él rodeando el ambiente.
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